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Lira Merlo

Escritor Nicaragüense Escritor Cristiano Los libros son mi pasión

Mi mayor pecado

- Oh Lilith cuanto le extraño - la lluvia caía sobre mi piel desnuda y vacía de todo entusiasmo, la gente pasaba apresurada, escapándose de las gotas de agua frias de la lluvias de invierno, eran como ágiles antílopes corriendo sin percatarse que este joven pastor hablaba a la nada, hablaba a una mujer que le sigue en las sombras de la soledad.
Ahí sentado con ella, bajo un árbol que ha sobrevivido a la modernidad convirtiéndose en una pequeña rotonda en el pueblo de Quilalí, un aro de cemento que lo bordea me servía de asiento mientras ella me abrazaba intentandome dar calor, imposible, era como pedirle al hielo que encienda una fogata.

- Lo sé lucho, lo sé - me susurraba como lo haría una madre ante su pequeño asustado - sé que lo extrañas - repetía su melódica voz

- Sabes - le dije sin cambiar de posición, abrazado a mí mismo mientras ella me envolvía en sus brazos - siempre te he temido, pero ahora entiendo que eres parte de mí, parte de lo que siempre he negado, de aquella condición que me hace humano, sin ti sería menos que un cyborg, un autómata que solo obedece las ordenes para las que ha sido programado.

- Jejeje, hablas de Cristianeitor, la obra que presentaron los jóvenes de la iglesia - me dijo ella sonriendo.

- Sí, de eso hablo, aun debo de comprender muchas cosas de los demás, aun debo comprender la raiz del mayor pecado de la humanidad.

Ella no contestó, esperaba que continuara presentando mi tesis, como una maestra haría al saber que su pupilo esta a punto de alcanzar la iluminación.

- El querer ser superior a los demás 

Repentinamente se acercó un hombre, completamente borracho, sus ropas gastadas, su fas sin rasurar, de sus ropas se desprendía un cóctel de lodo y sudor mezclado por el agua lluvia que le recorría. Con esfuerzo sobrenatural intentaba mantenerse en pie frente a mí mientras estiraba su mano, pidiendo dinero, pidiendo algo.

- Le conoces - me dijo ella haciendo referencia al recién llegado.

- La verdad no, no se quién es - le dije intentando que aquel hombre no importunara la conversación que tenía, podría saberme loco al ser cuestionado por un alcohólico que me ve hablando solo.

- Hermano, me gusta como predica, me podría regalar un pesito - me dijo con aquel aliento que logró quemar mis pupilas.

Nunca me ha gustado regalar mi dinero a un borracho, seguramente será usado para seguir tomando, en lugar de ayudarle le estaré perjudicando, además, esta en edad laboral, puede trabajar.

- Lo siento hermano, no traigo dinero conmigo - le contesté enfadado

- No sabía que usted mentía - me dijo sonriendo, dando la vuelta en dirección al puente que quedaba tras de mí, en pocos segundos se fundió en la oscuridad.

- Yo tampoco sabía que mentías luchito - me dijo ella con su tono pícaro

- Lilith, sabes que no me gusta darle dinero a esa gente

- mmjum - dijo irónicamente - a "esa gente" 

La lluvia cesó por un instante y ella me soltó de su abrazo frío pero acogedor y poniéndose en pie frente a mí dijo

- Pero Luchito, sigamos con el tema, me hablabas del mayor pecado verdad - su sonrisa me delataba, me inquiría, me cuestionaba

- Sé lo que quieres decirme con esa mirada, no Lilith, yo no me sentí superior a ese hombre

- Mas no le ayudaste

- Pero tampoco le perjudiqué

- De eso no se trata, piensa esto Yiyo, ¿Ese hombre se fue mas lleno de Dios después de verte o mas vacío?

- No lo sé

- Entonces ¿qué sentido tiene tu existencia? 

Me sorprendió nuevamente, a veces dudo que Lilith conozca bien su trabajo, no sé si actúa en contra de él o para él... o será parte de su trampa...

- Yiyo, entiende esto, mientras hagas juicio ante los demás, mientras te sientas superior a otros, por ser el predicador, por ser el mas inteligente, el mas guapo - dijo guiñándome un ojo - por ser quien no ha caido en situaciones de pecado, siempre que te sientes en ese trono de santidad, en ese trono limitado a Dios, separado para él estas cometiendo el mayor de todos los pecados, estas contribuyendo a que los demás se alejen de tu Dios a causa de tu egolatría luciferiana.

Trague grueso, era un sermón duro, yo sentarme en el trono que una ves quiso usurpar lucifer, no tengo palabras para semejante insinuación

- Sabes, si él estuviera aquí no estaría tan confundido.

- Jejejeje - empezó a reír - Lucho, él estuvo aquí, me sorprendió que no lo conociste, sencillamente te pidió dinero pero lo que quería era probar tu corazón.

Y así se alejó sobre la noche en dirección a aquel puente, la lluvia cayó nuevamente y el frío me recorrió por completo.

El interminable mar de mis pensamientos, mis angustias diarias, mis alegrías fugaces, mi vida entera clasificada en tiempos y personas. Eso encontraras en esta pagina, el mundo de un poeta moderno, que nadie lee su silencio y todos escuchan su soledad.

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